¿Existe consenso en la definición de prebióticos?

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La Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP) ha publicado una nueva definición del término prebiótico. Revisamos esta nueva definición así como algunos puntos del Consenso sobre Prebióticos que la contiene.

Desde su inicio, el término prebiótico se estableció a partir del concepto “probiótico” para definir los sustratos que servían de nutrientes selectivos para estos microorganismos beneficiosos1.

En los primeros estudios con prebióticos, principalmente con los oligosacáridos de fructosa y galactosa, se empleaban técnicas enfocadas al análisis de los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus como promotores de salud en contraste a los grupos bacterianos Bacteroides y Clostridium que eran etiquetados como perjudiciales, por su papel preponderante en la proteólisis colónica y la producción de gases.

El carácter selectivo de los prebióticos les confería un papel equivalente a bifidogénico y así se trataba de diferenciarlos expresamente de la fibra dietética, que sería fermentada por un mayor número de microorganismos intestinales.

El creciente avance en el conocimiento de las características ecológicas y funcionales de la microbiota intestinal, sin embargo, dificulta la distinción simplista entre microorganismos beneficiosos y perjudiciales que se desprende del concepto original de prebióticos. De hecho, la homeostasis intestinal, apoyada en la capacidad de la microbiota para proporcionar funciones tróficas, protectoras y neuro-endocrino-inmunológicas, se fundamenta en niveles elevados de diversidad microbiana que aportan estabilidad y funcionalidad al ecosistema intestinal2.

De igual manera, el empleo de técnicas que permiten conocer la comunidad microbiana intestinal en conjunto refleja que los prebióticos pueden conducir a cambios microbiológicos y funcionales que van más allá de unas pocas especies bacterianas.

Estos avances de conocimiento llevaban tiempo apuntando a la necesidad de establecer un consenso entre los especialistas con el objeto de actualizar la definición y el alcance de los prebióticos. Especialmente tras la acertada actualización que hizo la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP, por las siglas en inglés) sobre la definición de probióticos3.

En este sentido, la propia ISAPP ha publicado recientemente un Consenso sobre Prebióticos4. El documento identifica prebiótico como “un sustrato que es utilizado selectivamente por los microorganismos del hospedador confiriendo un beneficio para la salud”.

Además de abreviar la definición, se pretende dar cabida a sustancias que no sean carbohidratos y a ubicaciones del cuerpo humano aparte del tracto gastrointestinal (vagina y piel, entre otras), así como poder incorporar sustratos en otras categorías distintas a los alimentos. Sin embargo, la definición mantiene el requisito del carácter selectivo de los prebióticos en su interacción con la microbiota.

Aplicando la expresión inglesa “The devil lies in the details”, para que la definición recientemente propuesta por la ISAPP fuera redonda era importante que, además de acortarla en formato, también se hubieran cuidado los detalles de su contenido. Precisamente, la mención concreta en el documento de compuestos que pueden o no considerarse prebióticos debilita la definición y abre cuestiones no debatidas previamente.

Una de ellas resulta de proponer como prebióticos a los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) y el ácido linoleico conjugado (CLA). No existen dudas en cuanto al efecto saludable de estos compuestos per se, pero es cuestionable que su beneficio se deba a una utilización selectiva por la microbiota humana.

Otro ejemplo, en la propuesta de aplicaciones de prebióticos en entornos microbianos humanos diferentes al intestino, se considera al xilitol como prebiótico en la cavidad oral, donde su efecto bacteriostático y antiadherente no está demostrado que se deba a una utilización selectiva por microorganismos beneficiosos de la boca. Argumento que, sin embargo, es utilizado para descartar como prebióticos para la cavidad oral a los polifenoles, algunos también con efectos bactericidas y antiadherentes.

En el documento, es particularmente ambiguo el texto sobre los oligosacáridos de leche humana (HMOs) y el potencial prebiótico de algunos de sus compuestos con estructuras conocidas. En concreto, se cuestiona la consideración del compuesto 2’-fucosil lactosa como prebiótico. Se menciona que hay estudios en los que se demuestra que incluido en fórmulas infantiles aporta efectos equivalentes a la leche materna en términos de crecimiento y marcadores antiinflamatorios, pero no se considera todavía prebiótico porque en esos estudios no se ha evaluado el efecto sobre la microbiota infantil, aunque sea un compuesto descrito como bifidogénico en otros estudios.

Es sorprendente que se cuestionen como prebióticos este tipo de compuestos de los que se tiene información precisa sobre su estructura y funcionalidad y que son equivalentes a los presentes en la leche materna; mientras que los HMOs se consideran en el documento como prebióticos en su conjunto, a pesar de su complejidad. Esta ambigüedad podría resultar desalentadora para los estudios encaminados a establecer mecanismos causales del efecto prebiótico basados en el conocimiento de la estructura precisa de los compuestos.

La propuesta de definición consensuada de prebióticos por el panel de expertos de la ISAPP tenía como objetivo aportar consistencia y claridad al concepto y así facilitar su correcto empleo en los ámbitos científico, regulatorio, productivo y sanitario.

La definición consensuada es efectiva; sin embargo, son los detalles del documento los que todavía remolcan viejos criterios que retrasan aproximar el concepto Prebiótico a los nuevos conocimientos.

Bibliografía

  1. Gibson GR, Roberfroid MB. Dietary modulation of the human colonic microbiota: Introducing the concept of prebiotics. J Nutr. 1995; 125: 1401-12.
  2. Sommer F, Anderson JM, Bharti R, Raes J, Rosenstiel P. The resilience of the intestinal microbiota influences health and disease. Nature Rev Microbiol. 2017; 15: 630-8.
  3. Hill C, Guarner F, Reid G, Gibson GR, Merenstein DJ, Pot B, Morelli L, Canani RB, Flint HJ, Salminen S, Calder PC, Sanders ME. The International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics consensus statement on the scope and appropriate use of the term probiotic. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2014; 11: 506-14.
  4. Gibson GR, Hutkins R, Sanders ME, Prescott SL, Reimer RA, Salminen SJ, Scott K, Stanton C, Swanson KS, Cani PD, Verbeke K, Reid G. The International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics (ISAPP) consensus statement on the definition and scope of prebiotics. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2017; 14: 491-502.
Fecha de última modificación del artículo: 24/01/2018
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