Nuevo documento de consenso de la ISAPP sobre la definición y alcance de los simbióticos

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La ISAPP ha actualizado la definición de la palabra “simbiótico”. Revisamos esta nueva denominación y las implicaciones que tiene en la investigación y la práctica clínica.

Los simbióticos fueron definidos por primera vez en 1995 por Gibson y Roberfroid1 pero, al contrario de lo que ocurre con los probióticos y prebióticos, el término no había vuelto a ser revisado desde entonces. Recientemente (agosto de 2020), la International Scientific Association of Probiotics and Prebiotics (ISAPP) ha publicado un documento de consenso en la revista Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology2.

Los expertos del panel de la ISAPP (médicos, nutricionistas y microbiólogos) creen que era una necesidad urgente debido al rápido crecimiento en el mercado de estos preparados, afirmando que un simbiótico no se trata, simplemente, de la combinación de probióticos y prebióticos al azar, aunque sus beneficios estén probados individualmente. Así, sólo se deberían denominar simbióticos a aquellos preparados cuya combinación confirmamos científicamente que presenta eficacia. Por lo tanto, la eficacia de una mezcla no podrá atribuirse al beneficio clínico que ha sido demostrado por una cepa probiótica estudiada individualmente.

La ISAPP define claramente el término “simbiótico” con la finalidad de centrar la investigación científica en esta área, facilitando el diseño de estudios para poder avanzar en sus efectos beneficiosos para la salud. De este modo, se ha actualizado la definición de simbiótico, que queda establecida como “una mezcla que comprende microorganismos vivos y sustratos utilizados selectivamente por los microorganismos del hospedador que confiere un beneficio para la salud del hospedador”.

Los microorganismos hospedadores, en este contexto, incluyen tanto microorganismos autóctonos o residentes del hospedador como microorganismos aplicados externamente (probiótico propiamente dicho) que, incluso si están presentes de manera transitoria, pueden constituir un componente de la microbiota del hospedador. En esta definición también entrarían aquellas cepas que individualmente no hayan probado eficacia, pero sí la demuestren en combinación con el sustrato utilizado selectivamente por la misma. Además de la definición, el documento aborda otros aspectos como la historia de los simbióticos, la forma en que pueden ser categorizados, los niveles de evidencia actuales y los requeridos para investigaciones futuras, el perfil de los consumidores o la seguridad de los preparados.

Siguiendo a Kolida y Gibson3 y, en base a la definición actual, refrendada por la ISAPP, existen dos maneras para poder enfocar el concepto de simbiótico:

  • Complementario, en el que el probiótico es seleccionado en base a los efectos beneficiosos específicos y deseados en el huésped, y el prebiótico es elegido de forma independiente para aumentar selectivamente las concentraciones de los componentes de la microbiota intestinal beneficiosa. Por tanto, el prebiótico puede promover el crecimiento y la actividad del probiótico, pero sólo indirectamente.
  • Sinérgico, en el que la cepa probiótica es seleccionada de nuevo en base a los efectos beneficiosos específicos en el huésped, pero el prebiótico se escoge para estimular específicamente el crecimiento y la actividad del probiótico. Por tanto, el prebiótico tiene una mayor afinidad con la cepa y mejora su supervivencia y crecimiento en el huésped. Por supuesto, también puede aumentar los niveles de microbiota intestinal beneficiosa, pero el objetivo principal es el probiótico ingerido.

Los dos enfoques tienen implicaciones diferentes, aunque ambos pueden, directa o indirectamente, ajustarse a la definición de simbiótico. Pero el segundo planteamiento está en mayor consonancia con el concepto actual, según los expertos. Con un enfoque sinérgico, el simbiótico se percibe como un producto único, por lo que la función principal del prebiótico es para mejorar la supervivencia y la implantación del probiótico. Los mecanismos de acción de las dos categorías de simbióticos se presentan en la figura 1.

Es evidente que se está ampliando el alcance de la aplicación de los simbióticos tanto en la salud como en la enfermedad. Sin embargo, el término “simbiótico” puede que no sea, todavía, tan conocido como el de probiótico y prebiótico, por parte de los profesionales sanitarios. No obstante, se encuentra en las etiquetas de los productos, en los medios de comunicación (páginas web, artículos de prensa, etc.) y, por supuesto, en la literatura científica. Y aunque, la primera mención de un simbiótico fue en 1995 y sólo hace 5 años se superó el centenar de artículos, según las búsquedas en PubMed, a partir de entonces tuvo un ascenso exponencial y en 2019 se publicaron un total de 269 utilizando dicho término, como observamos en la figura 2.

En conclusión, la potencial acción beneficiosa de la intervención con simbióticos ha tomado una importante atención en los últimos años por su contribución al desarrollo de un sólido mutualismo entre el huésped y su microbiota Así, están surgiendo nuevos ensayos clínicos contrastados sobre el uso de los simbióticos en diversas patologías en diversas poblaciones para demostrar sus efectos beneficiosos para la salud, que se enumeran en la tabla 1. En el futuro, es imperativo que tanto los probióticos como los prebióticos sean seleccionados racionalmente durante los ensayos in vivo.

Bibliografia

  • Gibson GR, Roberfroid MB. Dietary modulation of the human colonic microbiota: introducing the concept of prebiotics. J Nutr. 1995; 125: 1401-12.
  • Swanson KS, Gibson GR, Hutkins R, Reimer RA, Reid G, Verbeke K, et al. The International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics (ISAPP) consensus statement on the definition and scope of synbiotics. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2020. https://doi.org/10.1038/s41575-020-0344-2.
  • Kolida S, Gibson GR. Synbiotics in health and disease. Ann Rev Food Sci Technol. 2011;  2: 373-93.
Fecha de última modificación del artículo: 19/10/2020
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